En todo momento

La columna de Daniel Ortíz



"...y nunca lo voy a dejar"... canta la gente, la banda, La Pandilla, en el ingreso, en las Tribunas. Compromiso férreo de amor a los colores y de dejar la piel ahí en el cemento. Ese que es mudo pero elocuente, como rezaba Don Pepe. Y de local hay que ser inexpugnable. En Casa hay que dejarle marcas a los rivales y solidificar la cosecha de puntos como hace diez partidos seguidos. Entonces rugen las voces, sale la Gringoneta a cumplir.

Los once iniciales casi que salen de memoria, el proyecto está por encima de las individualidades y entonces cada uno que entra o sale según lo merezca, no se nota. Se suplen, se complementan, se ayudan, son solidarios. El Plantel por sobre las figuritas. "Ningún jugador es mejor que todos juntos" dijo alguna vez algún sabio de la redonda. Y en eso andan los muchachos. Corren y se ayudan. Se cubren los espacios. Se alientan. Se miran y se entienden. Cada uno en su rol, mas silencioso o mas rutilante pero siempre en pos del equipo.

El Monito es el mimado por mérito propio y por pertenencia y, como quien no quiere la cosa, mete una genialidad para empezar a ganar un partido necesario. De pronto, un pendejo de 17 asoma irreverente. La pide, la pisa, amaga, bailotea como si estuviera en el Fuerte o en la Villa Olímpica y la gente, nosotros, nos tiramos de los pelos riendo. El futuro ya llegó. Dos casos testigo de un conjunto de dieciocho jugadores que conglomeraron un éxito que nos pone elegantes en ambas tablas y nos hace mirar las dos y ya no una sola.

Esto es un estado de ánimo. Que imperioso es meter un estiletazo en rodeo ajeno. San Juan es la oportunidad ideal. Se caen algunos soldados lesionados en batalla pero hay otros con el mismo hambre. Van cambiando las cosas. De a poco, con paciencia. Ahi estamos bancando la parada... en todo momento.

Daniel Ortiz




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