Los dueños de la pelota

La columna de Daniel Ortiz



Ahí toca el Tonga y maneja el ritmo. Cortito para aquí, largo para allá, tira una fantasía. Nico se asocia y distribuye a su par y, si algún adversario ocasionalmente se apodera del tesoro mas preciado, al instante lo deglute con su marca y vuelve a recuperar.

Los laterales como pistones van y vienen y se ofrecen como alternativa al pase. Los centrales combaten a los tanques rivales pero a su vez tiran paredes con Hoyos para salir jugando aún cuando las papas queman. Toca Vélez. Robertone es el mixto de moda y se desdobla entre ser salida y ser letal cuando se filtra como interno con el arma letal de su pegada.

Corre Chiqui Bouzat, invisible, obrero, predispuesto a la entrega, luciendo a su manera , obligando al error contrario y apuntalando el ataque para el delantero centro que le toque pivotear. Y en la manga, el As: se golpea el pecho el Monito, diriblea endemoniado, la lleva atada, conduce, invita. De pronto, saca latigazos como dagas con destinos de red que el pueblo velezano festeja y delira.

Si se necesitan variantes, desde el banco aparecen raudos para que no se noten desacoples y se acomodan perfectamente a la par de los que inician. Todos motivados, todos enchufados, un Plantel comprometido.

En la estadística de la Superliga estos jugadores tienen la supremacía de la posesion del balón con un promedio del 70%. Y, se sabe, con él en los pies es mas fácil concretar las oportunidades. No es casualidad, es trabajo. Encabezado por un Cuerpo Técnico que posee al mejor entrenador del fútbol argentino.

Luce el equipo del Gringo. Avanza en la tabla, busca clasificación a Copa, olvidó definitivamente la palabra maldita que hace un año nos preocupaba tremendamente. Festejamos todos, se llenan las tribunas del Amalfitani, se grita, se alienta, hay avidez por ver pronto a Los Dueños de la Pelota...




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